Hoy me di cuenta de un sentimiento que siempre he tenido desde que decidí mudarme al exterior, esa añoranza que no me deja, el ver fotos y pensar cómo será estar ahí. A diferencia de muchos colombianos en el extranjero yo no extraño la comida colombiana, ni el español bien hablado, ni la televisión, ni siquiera el clima sabroso. Yo no extraño el olor fresco de la mañana, ese olor a lluvia recién caída, sino el desayunito con mi mami, el empezar el día con una conversación sabrosa y un abrazo grande… meterme en las cobijas con ella y escucharle decir, venga échese una lochita conmigo.
Extraño los chistes flojos de mi hermano, los abrazos de oso de mi primo Carlos Eduardo, la sonrisa y dulzura de mi prima Katherine, los comentarios graciosos de mi primita María Isabel, la conversa sabrosa con mi tías Stella e Isabel, el ver a mis amigas Mona y Mónika con las que crecí jugando a las muñecas y a la mama y el papa, jugando esos roles en la vida real, compartir esas pequeñeces que se olvida uno decir por teléfono o por email, fregarle la vida a mi amiguito Juan Diego con el que ni siquiera me hablo cuando estoy lejos, compartir con todos esos amigos como Joshi, Diana, Daniel, etc, a los que no voy a nombrar uno a uno pues la lista se me hace larga pero con los que sé que puedo contar incondicionalmente.
Eso es lo que extraño, nada más, ni nada menos, ese es para mí el significado de Colombia, puede que no suene a mucho, pero para mí, lo es todo.
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